Reírse de uno mismo, qué ironía

Reírse de uno mismo, qué ironía

No siempre es fácil. A muchas personas les cuesta reírse de sí mismas, y quienes no lo hacen suelen tomarse todo demasiado en serio. Pero… ¿cómo logré yo llegar a ese punto de poder reírme de mí mismo?

Todo comenzó en mi adolescencia.

En esa etapa yo era muy alto y muy delgado. Esa combinación me convirtió en motivo de burla, incluso dentro de mi propia familia. Recibía toda clase de apodos:

  • “Tripa”.
  • “Roba focos (bombillos)”, porque, claro, al ser el más alto, podía alcanzarlos sin esfuerzo. 😜
  • “Limpia mangueras por dentro”, ya que, según ellos, por ser tan flaco podía meterme dentro y limpiarlas.
  • “Tribilín”.
  • “Sauce”, porque caminaba un poco encorvado 🤣.

Y la lista continúa…

Al principio me dolía, pero luego entendí que tenía dos opciones: seguir sintiéndome mal o aprender a reírme con ellos. Así que decidí adelantarme y ponerme yo mismo los apodos. Cuando lo hacía, todos reían y las burlas se desarmaban en el aire.

Así aprendí a reírme de mí mismo. Y ¿saben qué? La vida se volvió mucho más ligera. A veces, claro, algo dentro todavía dolía un poquito, pero esa forma de tomarlo me permitió tener más amigos y disfrutar más de cada momento. Si me hubiera tomado todo personalmente, probablemente habría terminado solo.

Moraleja

Toma las cosas con calma.

Diviértete.

Disfruta cada instante con una sonrisa.

Aprende a reírte de ti mismo —incluso a burlarte un poco— y verás cómo la vida se vuelve más sencilla y amable. 🌞✨

 

«Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.»

— Václav Havel

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